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¿Es La Alquería del Pilar un jardín histórico?

Antes de contestar a esta pregunta habría que indagar qué es lo que en el mundo de la jardinería y el paisajismo se entiendo por  "jardín histórico".

ICOMOS (siglas en inglés) Consejo Internacional de Monumentos y sitios,  es una organización no gubernamental que trabaja para conservar y proteger el patrimonio cultural en todo el mundo, aplicando técnicas, teorías y metodología científicas a la conservación de los elementos tangibles e intangibles del patrimonio cultural.

La Carta de Florencia de 1981 sobre jardines históricos fue elaborada por el Comité Internacional de Jardines Históricos, un grupo de expertos formado por miembros  de ICOMOS  e IFLA (Federación Internacional de Arquitectos Paisajistas) Fue adoptada por ICOMOS el 15 de diciembre de 1982 y respaldada por la UNESCO.       

En la Carta de Florencia en su artículo primero se dice que un jardín histórico es "una composición arquitectónica y vegetal que, desde el punto de vista de la historia o del arte, tiene un interés público. Como tal, está considerado como un monumento". Continua diciendo en el artículo segundo "El jardín histórico es una composición de arquitectura cuyo material es esencialmente vegetal y, por lo tanto, vivo, perecedero y renovable. Su aspecto es, pues, el resultado de un perpetuo equilibrio entre el movimiento cíclico de las estaciones, del desarrollo y el deterioro de la naturaleza, y de la voluntad artística y de artificio que tiende a perpetuar su estado".

A la luz de esta definición y del resto del  articulado de la Carta de Florencia (se puede leer integra a continuación) es evidente que el parque La Alquería del Pilar es un jardín histórico y que por su actual deterioro está urgentemente necesitada de un correcto mantenimiento, conservación, restauración y recuperación sobre todo de la parte vegetal (laberinto, vegetación alrededor de la ría y de las casas de Antonia Diaz, de los Ybarra y los  Afan de Ribera ) que siga las indicaciones y criterios  que figuran en esta carta. 


JARDINES HISTÓRICOS

(CARTA DE FLORENCIA 1981)


PREÁMBULO

Reunido en Florencia el 21 de Mayo de 1981, el Comité Internacional de Jardines Históricos ICOMOS-IFLA ha decidido elaborar una carta relativa a la salvaguardia de los jardines históricos que llevará el nombre de esta ciudad. Esta Carta ha sido redactada por el Comité y adoptada el 15 de Diciembre de 1982 por el ICOMOS con vistas a completar la Carta de Venecia en esta materia específica.


DEFINICIÓN Y OBJETIVOS

Artículo 1. "Un jardín histórico es una composición arquitectónica y vegetal que, desde el punto de vista de la historia o del arte, tiene un interés público". Como tal, está considerado como un monumento.

Artículo 2. El jardín histórico es una composición de arquitectura cuyo material es esencialmente vegetal y, por lo tanto, vivo, perecedero y renovable. Su aspecto es, pues, el resultado de un perpetuo equilibrio entre el movimiento cíclico de las estaciones, del desarrollo y el deterioro de la naturaleza, y de la voluntad artística y de artificio que tiende a perpetuar su estado.

Artículo 3. Dado que es un monumento, el jardín histórico debe estar protegido según el espíritu de la Carta de Venecia. No obstante, en tanto en cuanto se trata de un monumento vivo, su protección se atiene a reglas específicas, que son objeto de la presente Carta.

Artículo 4. Determinan la composición arquitectónica de un jardín histórico:

su trazado y los diferentes perfiles del terreno.

sus masas vegetales: especies, volúmenes, juego de colores, distancias, alturas respectivas.

sus elementos constructivos o decorativos.

las aguas en movimiento o en reposo, reflejo del cielo.

Artículo 5. Expresión de lazos estrechos entre la civilización y la naturaleza, lugar de deleite, propicio a la meditación o al ensueño, el jardín adquiere el sentido cósmico de una imagen idealizada del mundo, un "paraíso" en el sentido etimológico del término, pero que dá testimonio de una cultura, de un estilo, de una época y, en ocasiones, de la originalidad de un creador artístico.

Artículo 6. La denominación de jardín histórico se aplica lo mismo a jardines modestos que a grandes parques de composición formalista o de naturaleza paisajista.

Artículo 7. Esté o no unido a un edificio, del cual forme un complemento inseparable, el jardín histórico no puede desligarse de su propio entorno urbano o rural, artificial o natural.

Artículo 8. Un sitio histórico es un paisaje definido, evocador de un acontecimiento memorable: el emplazamiento de un suceso importante de la historia, origen de un mito ilustre o de un combate épico, motivo de un cuadro célebre...

Artículo 9. La protección de los jardines históricos exige que estén identificados e inventariados. Precisa intervenciones diferentes, a saber: de mantenimiento, de conservación y de restauración. En ciertos casos, es recomendable la recuperación. La autenticidad de un jardín histórico es tanto una cuestión de diseño y proporción de sus partes como de su composición ornamental, o de la elección de los vegetales y materiales inorgánicos que lo constituyen.


MANTENIMIENTO, CONSERVACIÓN, RESTAURACIÓN, RECUPERACIÓN

Artículo 10. Toda operación de mantenimiento, conservación, restauración o recuperación de un jardín histórico, o de una de sus partes, debe tener en cuenta simultáneamente todos sus elementos. Separar los tratamientos podría alterar la unidad del conjunto.


MANTENIMIENTO Y CONSERVACIÓN

Artículo 11. El mantenimiento de los jardines históricos es una operación de importancia primordial que debe ser contínua. Siendo vegetal su material principal, la conservación del jardín en su estado habitual requiere tanto reposiciones concretas, que sean necesarias, como un programa a largo plazo de renovaciones periódicas (erradicación completa seguida de replantaciones con ejemplares suficientemente formados).

Artículo 12. La elección de las especies de árboles, arbustos, plantas y flores que deben replantarse periódicamente ha de hacerse teniendo en cuenta los usos establecidos y aceptados en cada zona botánica y hortícola, con el objetivo de identificar las especies originales y preservarlas.

Artículo 13. Los elementos de arquitectura, escultura y decoración, fijos o móviles, que son parte integrante del jardín histórico no deben ser retirados o desplazados más que en la medida que lo exija su conservación o restauración. La sustitución o restauración de elementos en peligro ha de hacerse según los principios de la Carta de Venecia, y debe indicarse la fecha de toda sustitución.

Artículo 14. El jardín histórico debe ser conservado en un entorno apropiado. Toda modificación del medio físico que ponga en peligro el equilibrio ecológico debe ser proscrita. Estas reglas se refieren al conjunto de la infraestructura, tanto externa como interna (canalización, sistemas de riego, caminos, estacionamientos, tapias, dispositivos de vigilancia, atracciones para el visitante, etc.).


RESTAURACIÓN Y RECUPERACIÓN

Artículo 15. Ningún trabajo de restauración y, sobre todo, de recuperación de un jardín histórico deberá abordarse sin realizar previamente una amplia investigación que incluya todos los testimonios procedentes de la excavación y la recopilación de todos los datos relativos al jardín en cuestión y a otros similares, a fin de asegurar que dicho trabajo se realiza con total garantía científica. Antes de iniciar la ejecución de las obras, debe prepararse un proyecto basado en la antedicha investigación, el cual será sometido a consideración de un grupo de expertos para su examen y aprobación conjunta.

Artículo 16. La obra de restauración debe respetar los sucesivos estadios de la evolución experimentada por el jardín en cuestión. En principio, no debe concederse mayor relevancia o prioridad a un período en detrimento de los demás, a no ser en casos excepcionales en los que el estado de degradación o destrucción que afecte a ciertas partes del jardín sea de tal envergadura que aconseje su recuperación, la cual debe basarse en los vestigios que subsistan o en una evidencia documental irrefutable. Tal reposición puede resultar más justificada en las partes del jardín más próximas al edificio principal para poner de relieve su significado en el conjunto del diseño.

Artículo 17. Cuando un jardín haya desaparecido totalmente o sólo queden vestigios que sirvan para hacer conjeturas sobre sus sucesivos estadios, no ha lugar a emprender una reconstrucción que en modo alguno sería una intervención en un jardín histórico. En tales circunstancias, una obra que se inspirase en formas tradicionales, realizada sobre el solar de un antiguo jardín, o en un espacio donde nunca existió otro, respondería simplemente al campo de la evocación o de la creación original, y no se le podría aplicar, en ningún caso, el calificativo de jardín histórico.


UTILIZACIÓN

Artículo 18. Si bien todo jardín histórico está destinado a ser visto y recorrido, su acceso debe ser restringido en función de su extensión y su fragilidad, de forma que se preserven su integridad física y su mensaje cultural.

Artículo 19. Por su naturaleza y vocación, el jardín histórico es un lugar apacible que favorece el contacto humano, el silencio y la escucha de la naturaleza. Esta concepción de su uso cotidiano tiene su contrapunto en la utilización excepcional del jardín histórico como lugar de fiesta. Conviene definir las condiciones para el uso extraordinario de los jardines históricos de tal manera que la excepcional celebración de una fiesta contribuya a realzar el espectáculo del jardín, y no a desnaturalizarlo o degradarlo.

Articulo 20. Si en la vida cotidiana los jardines pueden acomodarse a la práctica de los juegos tranquilos, conviene crear, en zonas contiguas a los jardines históricos, terrenos apropiados a los juegos agitados y violentos y a los deportes, de tal manera que se dé respuesta a esta demanda social sin que perjudique a la conservación de los jardines y sitios históricos.

Artículo 21. Los trabajos de mantenimiento o de conservación cuyo calendario viene impuesto por las estaciones, o las pequeñas operaciones que contribuyen a restituir la autenticidad, deben tener siempre prioridad sobre las servidumbres de utilización. La organización de toda visita a un jardín histórico debe estar sometida a reglas que garanticen la preservación del espíritu del lugar.

Artículo 22. Cuando un jardín está cerrado por muros, no deben suprimirse éstos sin considerar previamente todas las consecuencias perjudiciales que podrían producirse en cuanto a modificación del ambiente y protección de dicho jardín.


PROTECCIÓN LEGAL Y ADMINISTRATIVA

Artículo 23. Corresponde a las autoridades responsables tomar, con el asesoramiento de expertos competentes, las disposiciones legales y administrativas apropiadas para identificar, inventariar y proteger los jardines históricos. Su protección debe integrarse en los planes de utilización del suelo y en los documentos de ordenación y planificación del territorio. Corresponde igualmente a las autoridades responsables tomar, con el asesoramiento de expertos competentes, las disposiciones económicas tendentes a favorecer el mantenimiento, la conservación, la restauración y, cuando sea necesaria, la recuperación de los jardines históricos.

Artículo 24. El jardín histórico es uno de los elementos del patrimonio cuya superviviencia, en razón de su naturaleza, exige mayores cuidados contínuos por medio de personas cualificadas. Conviene que una enseñanza apropiada asegure la formación de estas personas, ya se trate de historiadores, arquitectos, paisajistas, jardineros o botánicos. Debe velarse para asegurar también la producción regular de los vegetales incluídos en la composición de los jardines históricos.

Artículo 25. El interés por los jardines históricos deberá ser estimulado por todo tipo de actuaciones capaces de revalorizar este patrimonio y hacerlo conocer y apreciar mejor: promoción de la investigación científica, intercambio internacional y difusión de la información, publicaciones y trabajos de divulgación, estímulo del acceso controlado del público, sensibilización a través de los medios de comunicación en cuanto a la necesidad de respetar la naturaleza y el patrimonio histórico. Los más sobresalientes jardines históricos serán propuestos para figurar en la Lista del Patrimonio Mundial. Nota Breve Estas son las recomendaciones aplicables al conjunto de jardines históricos del mundo. 


 El parque 

Un relato de Jesús J. Cuenca 15/02/2026

EL PROGRESO DECIDIÓ MUDARSE DE BARRIO Cuando el viejo jardín de la ciudad empezó a parecer viejo de verdad —no venerable, no histórico, no románticamente decadente, sino sencillamente descuidado— alguien concluyó que había llegado la hora de “saltar hacia delante”. 

Durante décadas se había hablado de él como “el pulmón verde de la ciudad”. Un pulmón curioso: sin bronquios, con los alveolos compactados y con respiración asistida por riegos intermitentes. Pero pulmón, al fin y al cabo. Lo había sido, en realidad, cuando todavía conservaba algo de aquel diseño burgués de principios del siglo XX: senderos curvos pensados para pasear despacio, macizos que protegían las raíces, una fuente que refrescaba el aire sin necesidad de etiquetas climáticas. Aquel jardín antiguo no era perfecto, pero tenía estructura, sombra densa y memoria. 

El jardinero de antaño —ese que conocía a cada árbol por su historia y no por su número de inventario— entendía que un magnolio no es mobiliario urbano y que un seto necesita algo más que una motosierra optimista. Luego vinieron los tiempos prácticos. Se simplificaron parterres porque “complicaban el mantenimiento”. Se sustituyeron masas arbustivas por césped porque “daba sensación de amplitud”. Se podó con entusiasmo terapéutico para “reducir riesgos”. Y cada decisión, pequeña y razonable en apariencia, fue dejando el jardín más plano, más expuesto, más frágil. Cuando comenzaron a caer árboles —unos por sequía, otros por hongos, otros por puro agotamiento— la palabra “histórico” empezó a incomodar. Porque lo histórico exige conservación. Y conservar implica reconocer que algo se ha hecho mal. Como, quizás, lo fue solicitar su declaración de BIC. Así que mientras los almeces sufrían podas severas “por seguridad” y el suelo se compactaba bajo eventos multitudinarios, comenzó a gestarse el gran proyecto. —La ciudad necesita un corredor verde resiliente y adaptado al cambio climático —se proclamó con entusiasmo técnico.

Y el “Biobulevar Climático” apareció en pantallas luminosas: kilómetros de pavimento drenante, pérgolas fotovoltaicas, nebulizadores, carriles bici, espacios multifuncionales y árboles jóvenes perfectamente alineados, como soldados vegetales listos para la foto inaugural. —Será el gran pulmón del siglo XXI. Curiosamente, nadie explicó por qué los pulmones del XX estaban quedándose sin aire. En el viejo jardín, el ciprés centenario escuchaba la noticia con una mezcla de ironía y cansancio. —Interesante estrategia —susurró al plátano menguado—. Cuando no sabes cuidar un jardín, construyes otro más lejos. Porque esa era la verdadera pirueta: no se trataba de transformar los espacios verdes, sino de desplazar la atención. 

Mientras el nuevo proyecto concentraba presupuestos, titulares y visitas institucionales, los 1 antiguos jardines entraban en una discreta hibernación presupuestaria. Lo urgente se volvió lo nuevo. Lo existente pasó a ser “herencia complicada”. Los vecinos empezaron a peregrinar hacia el solar del futuro biobulevar, atraídos por las promesas de innovación climática. Y, poco a poco, dejaron de reclamar la restauración de senderos originales, la recuperación de parterres históricos o el cuidado estructural de árboles veteranos. —Decían con sensatez contable: “no podemos invertir en todo”. Y así, sin necesidad de talas espectaculares, el viejo jardín fue perdiendo densidad, sombra y autoestima. Cada árbol caído era “irrecuperable”. Cada arreglo aplazado, “no prioritario”. Cada rincón deteriorado, una prueba más de que “necesitaba una transformación profunda” que, por supuesto, ya no estaba prevista allí. 

 

En 2026, el Biobulevar Climático avanzaba con maquinaria eficiente y discursos sostenibles. Y el antiguo jardín, aún en pie, pero cada vez más ralo, parecía observar desde la distancia su propia sustitución simbólica. Porque saltar hacia delante tiene esa virtud estratégica: convierte el abandono en preludio y el descuido en argumento. Se inaugura el futuro mientras el pasado se desgasta en silencio. El viejo ciprés, obstinado, dejó caer una piña sobre el sendero agrietado y murmuró con ironía vegetal: no hay proyecto más ambicioso que aquel que permite olvidar lo que no se quiso mantener. Y el viento, atravesando las copas cada vez más dispersas, añadió una conclusión sencilla: un nuevo pulmón no compensa a los que se dejaron de cuidar. 

 —¡Despierta, papá! Estamos en 2040. ¿Qué decías del Parque de la Alquería? Si ya apenas quedan cuatro árboles allí. —Anda, que te saco a dar un paseo en tu nueva “gacheto-silla” por el biobulevar. Verás que fresquito se está allí. Es el único lugar de la ciudad donde se puede estar. 

 

El árbol 


Un cuento del escritor y periodista polaco Slawomir Mrozek  (1930-2013)



Vivo en una casa no lejos de la carretera. Junto a esa carretera, a la entrada de la curva, crece un árbol.

Cuando yo era niño, la carretera era aún un camino de tierra. Es decir, polvorienta en verano, fangosa en primavera y en otoño, y en invierno cubierta de nieve igual que los campos. Ahora es de asfalto en todas las estaciones del año.

Cuando yo era joven, por el camino pasaban carros de campesinos arrastrados por bueyes, y sólo entre la salida y la puesta de sol. Los conocía todos, porque eran de por aquí. Eran más raros los carros de caballos. Ahora los coches corren por la carretera de día y de noche. No conozco ninguno, aparecen de no se sabe dónde y desaparecen hacia no se sabe dónde.
Sólo el árbol ha quedado igual, verde desde la primavera hasta el otoño. Crece en mi parcela.
Recibí un escrito de la Autoridad. “Existe el peligro –decía el escrito– de que un coche pueda chocar contra el árbol, ya que el árbol crece en la curva. Por lo tanto, hay que talarlo”.

Me quedé preocupado. Llevaban razón. Efectivamente, el árbol está junto a la curva, y cada vez hay más coches que cada vez corren más rápido y sin prudencia. En cualquier momento puede chocar alguno contra el árbol. Así que tomé una escopeta de dos cañones, me senté bajo el árbol y, al ver acercarse al primero, disparé. Pero no acerté. Por eso me arrestaron y me llevaron a juicio.

Traté de explicar al tribunal que había fallado únicamente porque mi vista ya no es buena, pero que si me dieran unas gafas seguro que acertaba. No sirvió de nada.
No hay justicia. Es verdad que un coche puede chocar contra el árbol y dañarlo. Pero sólo con que me dieran unas gafas y algo de munición, me quedaría sentado vigilando. ¿A qué tanta prisa por talar un árbol si hay otros métodos que pueden protegerlo de un accidente?
Y no les costaría nada, aparte de la munición. ¿Acaso es un gasto excesivo?



 Mermelada de naranja amarga

El consumo de mermelada y su producción casera está muy extendido en Inglaterra. Hacia este país ha ido destinada tradicionalmente la producción de naranja amarga de la provincia de Sevilla

    La preparación no es difícil, pero hay que emplear tres días y hacer varias cocciones con el fin de eliminar en gran medida el amargor del fruto. Aqui os dejo una receta probada por mí para elaborar en casa esta exquisita mermelada.

    Ingredientes

 Elaboración

    Primer día

    Segundo día

    Tercer día


 Nombre científico: Citrus aurantium

Citrus, del latín, nombre con el que los romanos llamaban al cidro (Citrus medica) y también a la sabina de Cartagena (Tetraclinis articulata). Los frutos y las hojas del cidro y la madera de la sabina eran usados para proteger la ropa de los ataques de insectos. Aurantium, palabra latina que hace referencia al color del fruto.

El genero Citrus es el más abundante en el parque, tanto en número de pies, como en diversidad de especies.

Nombre común: naranjo amargo, naranjo de Sevilla, naranjo agrio.

El término naranja procede del árabe naranya, que procede del persa naranay, que, a su vez, viene de la voz dravídica de la india narayan, que significa perfume interior.

Familia: Rutaceae.